lunes, 27 de julio de 2026

Hard Life

 

Ya he tratado en alguna publicación anterior el tema de las pérdidas, y de lo dolorosa que se torna la vida en algún momento de la vida adulta. 

En esta ocasión no hablaré de una pérdida digamos definitiva, pero si de un hecho que sin duda me puso a prueba como ninguno, y miren que he pasado por situación bastante extremas. 

Hace casi un año que mi hija cambió su vida y la mía. El próximo 29 de Marzo se cumple un año de aquella despedida en el aeropuerto, tu iniciabas una aventura con tus acostumbradas metas, y yo te acompañaba como siempre, como tanto me gusta hacerlo. 

Desde que naciste me hice a la idea de que serías temporal, de que algún día tendrías que volar a seguir tu destino, y mi pensamiento siempre ha sido ese, tu desarrollo y tu libertad.

Muy a pesar de mi, según yo, buena preparación para ese momento, la realidad superó mi ficción y creo que nada me pudo preparar para lo que siguió a continuación, las peores noches que he pasado en mi vida. Nunca había sentido un ataque de ansiedad, nunca había sentido tanta tristeza, y nunca había deseado tanto tener un avión para salir volando a acompañarte, a abrazarte, a decirte que todo estaría bien. 

La angustia de esperar noticias tuyas, el favor de la tecnología de acercarme a ti y de permitirme seguir los pasos de tu avión (no se si los aviones den pasos). Al final, llegaste a tu destino, y mi alma descansó 5 segundos, y luego continuó con su angustia. Lloré (por dentro, o a escondidas) solo de imaginarte sola en un país lejano, desconocido, hostil, porque todo lo desconocido es hostil. Creo que mi primer descanso fue cuando me dijiste que ya habías llegado a tu departamento (de Harry Potter). 

Dicen que cuando te bañas es el mejor momento para echar una lloradita pendiente, en lo personal, creo que es cuando lavas los trastes, normalmente estás solo, creo que claramente nadie te quiere acompañar en esos momentos. Así que nunca había lavado tantos trastes como en ese tiempo. 

Tardé un año, hasta que se cumplió el ciclo del calendario, para poder hablar de mis sentimientos al respecto. Sin duda fue un momento muy duro.

Creo que todos los papás desarrollamos esa fortaleza exterior, esa gruesa capa que nos hace parecer inmunes, no creo que por gusto, sino por necesidad, en esta tarea no hay lugar para los débiles. 

Es maravilloso ser padre, es lo mejor que me ha pasado, y definitivamente vale la pena por lo que se tenga que pasar. 





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