Ve las cosas que te gustan, no veas lo que no te gusta.
Eso contribuirá a tu felicidad. Y si no es así, entonces mejor ve al psicólogo.
Ve las cosas que te gustan, no veas lo que no te gusta.
Eso contribuirá a tu felicidad. Y si no es así, entonces mejor ve al psicólogo.
La vida es lo mas hermoso que pueda existir. Es maravilloso poder disfrutar de todo lo bonito que nos ofrece día a día, aunque tiene su lado siniestro, ese lado que me hace pensar y decir que la vida es una desgraciada, porque nos quita lo que más queremos.
En lo personal me ha quitado casi todo lo mas valioso que se le puede quitar a una persona, me quitó a mi madre, a mi padre, y a dos de mis hermanos. Justo hace unos días platicaba con mi hija Brenda, y le comentaba que prácticamente perdí a mi madre y a mi padre dos veces. Porque justo mis hermanos que fallecieron en su momento fueron como padre y madre para mi y mis hermanos.
Si, ya se que este post empezó medio bastante trágico, pero no crean por ningún motivo que lo estoy escribiendo y colocándome una soga al cuello, para nada, este post lo escribo desde la serenidad de mi oficina, y se me ocurrió porque hace unos minutos hablaba con un cliente, y me comentaba con notoria tristeza que su madre está en el hospital, prácticamente a la espera de fallecer.
De corazón le dije, le aconsejé, que sin importar la condición de su mamá, la abrace y le diga todo lo que la ama y lo mucho que le agradece lo que haya hecho por el. Ese creo que es el mejor consejo que alguien que ya ha vivido esa experiencia puede dar.
No me juzguen como loco o insensible o lo que se les ocurra juzgarme si digo que de alguna manera me alegro de ya haber pasado por eso. Obviamente no es una alegría de que mis padres hayan fallecido, sino es cierto descanso de haber pasado por ese trauma tan cruel y haber sobrevivido a ello.
En mi caso no ha sido fácil transitar el camino de la aceptación y la superación de la pérdida. Me llevó años superarlo y pagué precio emocional por ello.
Ahora recuerdo a mis padres con infinito amor, con alegría. Y cada que veo a algún amigo perder a sus padres, o saber que ellos están gravemente enfermo siento dolor por su situación, por verlos entrar en ese túnel negro que en momentos parece interminable. Se por experiencia lo que van a sufrir, pero también pienso que como yo, lo van a superar y en algún momento les regresará la alegría al cuerpo.
La edad adulta consiste en hacer una gran diversidad de cosas según las capacidades y metas de cada quien, pero hay una constante de la cual no escapa nadie: envejecer.
Cuando estaba casado, la Karina y yo teníamos una frase para definir el súbito envejecimiento de alguien, decíamos "Ya le entregaron su cajita de años" y aplicaba para aquellas personas que no veías en unos años y cuando la volvías a ver lucían notoriamente envejecidas.
Por experiencia propia, les puedo comentar y casi advertir que el envejecimiento llega tal cual lo teorizábamos la Karina y yo, por paquetes. Cada situación difícil que te toca enfrentar es un combo de arrugas, canas y dolores que te tendrás que vestir. Y claro, como todos los combos hay chicos, medianos y a lo grande. Los grandes normalmente tienen que ver con los hijos. Y tiene lógica, nada amamos mas que a nuestros hijos, y nada nos duele más que ellos.
El viernes pasado fui a una comida de trabajo en el Mochomos (vayan, la neta). Todo transcurrió excelente, la reunión concluyó, agradecí a los asistentes y me retiré. Al salir del lugar pasé por una mesa en donde un grupo de señoras departía alegremente. Mi mirada se centró en un rostro que me pareció familiar, en en par de segundos la recordé y el arco de sus cejas me indicó que ella a mi también. Trabajamos juntos hace 20 años, ella era una joven y guapa (very) arquitecta. Seguro estoy que sigue siendo arquitecta, y aún conserva un toque de belleza. Su juventud se quedó en mi recuerdo.
Tarde o temprano la paquetería llega.
En algún lugar leí, o vi o escuché que los funerales no son hechos para los difuntos, sino para los familiares y amigos del infortunado o afortunado, depende las circunstancias.
Coincido totalmente con esa idea. El difunto ya se fue, nada de lo que suceda ahí será para el, servirá para honrarlo en todo caso, pero en ausencia. Por eso en definitiva, todo lo bonito que quieran hacerle o decirle a alguien, háganlo cuando el aún tenga plena conciencia. No digo que después será demasiado tarde, también sirve de algo decirle al difunto cuanto lo amas, y como en mi caso , cuando fallecieron mis padres, me acerqué y les di las gracias por todo lo que hicieron por mi. Fue muy bonito, me hubiera encantado poder decírselos en persona, pero ya saben, uno se apendeja.
Bueno, el caso es que a veces pienso en mi funeral, y la neta me da harto sentimiento, no por el hecho de que me vaya a morir, sino porque creo que mi funeral va a ser una gran fiesta, a la que desgraciadamente no voy a ir. La vida me ha dado una hermosa familia, que seguramente en mi funeral no van a dejar de reír, hacer chistes y llorar a ratos. Pero mayormente se van a divertir. No los juzguen, así son, así somos.
También tengo maravillosos amigos, que comparten ese gusto por pasarla bien, y no creo que desaprovechen esa oportunidad que el destino les regalará. Mal harían si no se divierten recordando todas las cosas que hemos pasado juntos. Como decíamos en la primaria, chingo mi madre pa si no cuentan el anécdota de mi costilla rota. Quizá y solo quizá, mi sobrina se atreva a revelar el bochornoso mega oso secreto que me aventé en diciembre de 2020. Seguramente alguien mostrará una foto mía, dormido en alguna borrachera. Todos mis buenos amigos tienen una.
En fin, pásenla bien. es todo lo que pido.
P.D. No, no me siento mal. Sólo recordé el tema.
Hace poco leí el libro SI ESTO ES UN HOMBRE, de Primo Levi, el cual es parte de una trilogía que nos narra el terrible padecimiento de aquellos que tuvieron la desgracia de ser huéspedes malditos de los campos de concentración nazis en la segunda guerra mundial.
Desde el inicio el escritor narra con claridad las terribles humillaciones a las que fueron sometidos, como fueron despojados de toda posesión incluyendo por supuesto su calidad de personas. Ya con el inicio tenía el corazón hecho una angustia, y llego al capítulo denominado La Iniciación, y me pregunto ¿Ah que no había empezado el sufrimiento ya? y si, efectivamente, lo peor apenas venía.
Obviamente no los voy a spoilear, porque este libro si me gustaría que lo leyeran, así que sólo les comentaré una parte que dejó marca en mi memoria. El relator cuenta sobre uno de los peores padecimientos en el campo de concentración, el hambre. Esa hambre permanente que los hace incluso soñar de manera repetida que están comiendo. Se me apachurra el corazón sólo de pensar en esa situación. Ninguna persona debería padecer hambre, pero sobre todo ninguna persona debería condenar a otra a padecer hambre.
Tal como lo pide el autor, este tipo de relatos deben difundirse, para que nunca más una persona le vuelva a hacer algo parecido a otro ser humano.
Recordé todo esto porque actualmente traigo una vida muy Fit, como dicen ahora. Yo, a manera casi de bendición, soy una persona que no padece hambre, no solo por el hecho de que siempre hay comida en mi casa, sino porque mi organismo está hecho para comer poco. Y si, es una paradoja estar gordo cuando no ingiero las cantidades de comida que una persona digamos normal. El caso es que, como les comento, es muy raro que yo sienta hambre, porque llego a mi hora de ingerir alimentos con la sensación de haber comido hace poco, no importa si estamos hablando del desayuno, la comida o la cena. Actualmente estoy caminando, como parte de mi rutina diaria, así que supongo estoy quemando más calorías de las que gastaba regularmente. Y eso como consecuencia me ha traído el sentir hambre.
Hoy pensaba que cualquier día de estos me va a pasar como a los tristes relatados, empezaré a soñar que como.
Hace algunos años, bastantes para ser sincero (Ya dije que no iba a utilizar eso de hace muchos años, porque sueno al viejo que aún no soy) mi hija la pequeña iba en primaria, una primaria católica FYI, su grupo estaba compuesto por unos 30 niños mas menos. Había una niña que era su amiga, y que la llegó a invitar en algunas ocasiones a sus fiestas caseras. Yo, como la madre que siempre fui, llevaba una relación digamos cordial con la mamá de la niña, platicábamos brevemente cuando nos veíamos, normalmente en la escuela.
Un día fui por mi hija a la escuela, y platicando con ella camino a casa, me comentó que la niña en cuestión iba a tener fiesta de cumpleaños, así que le pregunté si iba a ir, a lo cual me contestó que No. Me pareció raro y le pregunté por qué. Su respuesta me sorprendió. "Porque no me invitó" me dijo. La neta me quedé con cara de What?!!! Y eso ??? invitó a solo algunos?? No, me dijo, invitó a todos. Mi cerebro tomó la decisión de disculpar a la niña para tratar de minimizar los daños. Le dije a mi hija que seguramente la niña se confundió o se le pasó invitarla. Ella no muy convencida mas menos aceptó mi sugerencia de explicación.
Hoy me acordé de eso, porque estaba escuchando un podcast en donde la protagonista comenta que lo peor que le pueden hacer a un padre es exactamente esto que les comento, que alguno de sus compañeros hagan una fiesta y no inviten a tu hijo.
Ese asunto se quedó así, entre mi hija, yo y el Karma
Pasaron los años y llegó la graduación de la secundaria de mi hija. misma escuela, y prácticamente mismos compañeros desde la primaria.
El colegio católico a donde acudía mi hija, como parte de la ceremonia de graduación, tenía la costumbre de entregar una medalla a los niños que habían cursado desde kinder hasta secundaria sin interrupción con ellos.
Así que uno a uno fueron nombrando a cada niño que cumplía con el requisito (en total habrán sido unos 10) El niño pasaba al frente y era aplaudido por todos los papás. Termina la entrega de medallas, les aplaudimos a todos nuevamente y fin de la entrega.
Continúa la ceremonia de graduación y en eso la monja encargada de la tarea de maestra de ceremonias nos dice: Una disculpa, por un error omitimos a una de las alumnas que también se ha ganado una medalla, y procede a nombrar a la alumna, y si, efectivamente era esa niña, la que no invitó a mi hija a su fiesta de cumpleaños.
Mi hija mayor y yo solo nos miramos y sonreímos, si ya se, es pecado ser feliz por la desgracia ajena, pero lo siento, no lo pude evitar.