martes, 9 de febrero de 2010

Todo Con El Poder De Su Firma...


Anoche que estaba en la comodidad de mi cama pensé dos cosas:


Primero que nada, pensé que nuestra conciencia es como una tarjeta de crédito, si no la manejamos con inteligencia y mesura terminaremos con una deuda impagable.
A veces nos resulta muy fácil nada mas “cargar” nuestros actos a nuestra conciencia sin detenernos a pensar en las consecuencias de los mismos. Total, es a crédito, ni se siente. Ja!
Y cuando nos ponemos a hacer cuentas … rayos! No sabia que debía tanto, o también : ah caráy y eso a que hora lo cargué?
Me pregunto si habrá instituciones que te ayuden a manejar tu déficit conciencil? también me pregunto si existe la palabra conciencil, o si la conciencia tendrá límite de crédito, y en dado caso cual será el mio? y de una vez ps que me digan cuanto debo. Digo, la neta la neta no traigo para pagarlo, pero si quiero irle abonando.
Hoy le dí unas galletas a un vagabundo y 10 pesos al de brigadas del Sol, servirá de algo?
Sin información fidedigna a la mano, me atrevería a pensar que esos abonitos se los devoran rápidamente los intereses.


Tendré que hacerme misionero acaso?


Bastará con que ya no haga tarugadas?


En fin, cualquier información al respecto será de mucha ayuda.
No quiero sonar mamón, pero también tengo plena conciencia de que he hecho cosas muy buenas, no quiero mencionarlas ni quería siquiera tocar el punto por que es de mala educación y en una de esas mis buenas acciones se anulan por andarlas presumiendo. Mejor las reservo para mi. Pero deveritas que si las tengo. Es más Deveritas Deveritas!!!

La segunda cosa que pensé fue que es urgente cambiarle el color a mi recamara de niño.

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